miércoles, 11 de junio de 2008

Fantasmas Sin Alma



Si los fantasmas son los espíritus de los muertos, como muchos creen, ¿Cómo podemos justificar las apariciones «inanimadas» como las de animales u objetos?
Durante los años treinta se decía que un autobús londinense rojo de dos pisos hostigaba a los motoristas en la zona de North Kensington a última hora de la noche. Durante mucho tiempo la confluencia de St. Mark Road y Cambridge Gardens ha sido considerada como una esquina peligrosa; de hecho, la curva era «ciega» para ambas carreteras y había originado numerosos accidentes.La decisión de la autoridad local de arreglar la curva se vio parcialmente influida por el testimonio de motoristas de última hora de la noche, quienes decían que se habían estrellado mientras regateaban para evitar un autobús de dos pisos que bajaba precipitadamente por St Mark Road a esas horas bastante tardías en que las líneas regulares ya no prestaban su servicio.Un informe típico de la policía de Kensington rezaba: «Giraba la esquina cuando vi un autobús lanzado hacia mí. Llevaba dadas todas las luces del piso de arriba y de abajo, así como los faros, pero no pude ver a nadie, ni empleados ni pasajeros. Tiré del manillar con fuerza y subí a la acera, rascándome con el muro de la carretera. El autobús desapareció.»Después de un accidente mortal, durante el que un conductor dio un viraje y golpeó contra el muro, un testigo contó al juez que llevaba la investigación que también él había visto al misterioso autobús precipitándose contra el coche segundos antes de que el conductor se saliera de la carretera. Cuando el juez expresó el natural escepticismo, decenas de residentes locales escribieron a su oficina y también a los periódicos locales ofreciéndose a testificar que también habían visto al «autobús fantasma». Entre las declaraciones más impresionantes se encuentra la de un empleado local de transportes quien declaró haber visto al vehículo en la estación de autobús a primeras horas de la mañana, con el motor en marcha, y que luego había desaparecido.
El misterio nunca se resolvió; pero es quizás significativo que el autobús «fantasma» no fuera visto después de que desapareció el peligro de la esquina con la curva pronunciada. Incluso se sugirió que la visión había sido «proyectada» en el lugar para dramatizar el peligro inherente de la intersección. Pero si era así; ¿quién lo había hecho? Y si, como se sugirió, todo esto tuvo lugar en las mentes de los mismos motoristas -una especie de proyección natural de sus temores ante la esquina- ¿cómo se las arreglaron para sobreimponerse sobre la visión de los peatones, por no mencionar el empleado de la estación de autobuses que lo vio desde un ángulo completamente diferente?El autobús «fantasma» de Kensington epitomiza un problema que, durante siglos, han encarado aquellos que creen que los fantasmas son espíritus que vuelven. ¿Si un fantasma es el «alma» de una persona muerta que vuelve a la tierra, cómo podemos entender el fantasma de un autobús y por supuesto el de sus antecesores, los coches de caballos fantasmas, que tanto reflejan las narraciones populares?Llegados a eso, ¿por qué los espíritus que vuelven no aparecen desnudos, ya que con muy pocas excepciones registradas no es así en ningún caso?El folklore «fantasmal» está repleto de historias de todo tipo de objetos inanimados, desde el acordeón-fantasma atribuido al espiritista del siglo XIX, D. D. Home, hasta la daga de Macbeth.

Formas Revoloteando En El Aire
Una de las historias más convincentes sobre apariciones «sin alma» está compilada en el diario de la Torre de Londres -lugar saturado de fantasmas según la creencia popular-. El protagonista de la historia fue Edmund Lenthal Swifte. En 1814 tenía el cargo de Guardián de las Joyas de la Corona, cargo que ocupó hasta 1842 -o sea, 28 años-. Él mismo cuenta lo que vio un domingo por la tarde en octubre de 1817: «Mi familia y yo estábamos cenando en el edificio donde se guardan las joyas de la corona, lugar que parece haber sido la «lúgubre prisión» de Ana Bolena y de los diez obispos que allí fueron acomodados piadosamente por Oliver Cromwell. Todas las puertas estaban cerradas, las cortinas, pesadas y oscuras, estaban echadas, y la única luz que había en la estancia era la que emanaba de dos cirios colocados sobre la mesa. Yo estaba sentado en la cabecera de la mesa, mi hijo a mi derecha, mi mujer junto a la chimenea y su hermana enfrente de ella. Estaba ofreciendo vino y agua a mi mujer, cuando ésta, al alzar el vaso, paró el movimiento y exclamó: ¡Dios mío! ¿Qué es esto?»«Miré hacia arriba y vi un cilindro, como un tubo de vidrio casi del grosor de un brazo, que revoloteaba entre el techo y la mesa; su consistencia parecía ser un denso líquido, blanco y azulado... girando incesantemente dentro del cilindo. Duró aproximadamente dos minutos, entonces empezó a moverse delante de mi cuñada y, resiguiendo el borde de la mesa, pasó por delante de mí y de mi hijo. A continuación siguió por detrás de mi mujer y permaneció brevemente sobre su hombro derecho (téngase en cuenta que no había ningún espejo en la parte opuesta que le permitiera ver qué estaba pasando). De repente, mi mujer se agachó, con las manos en el hombro, y gritó: ¡Dios, me está cogiendo!.»«Incluso ahora siento el terror que sentí entonces. Salté de la silla y golpeé la aparición, golpe que fue a parar en el revestimiento de madera situado detrás de ella. Entonces, la «cosa» cruzó el borde de la mesa y desapareció por la ventana.»No volvió a verse tan extraña manifestación; pero, algunos años más tarde, ocurrió un suceso que confirmó trágicamente la explicación de Swifte: un soldado murió literalmente de miedo en la Torre de Londres.El soldado estaba de centinela frente al edificio donde se guardan las joyas de la corona, cuando, cerca de medianoche, oyó un sonido gutural detrás de él. Al girarse vio un gran oso negro de pie sobre sus patas traseras, con los dientes hacia fuera y los ojos rojos de rabia, que se abalanzaba sobre él. El soldado lanzó su bayoneta contra el cuerpo del animal, pero el arma pasó sin herirlo y el animal desapareció. Una patrulla encontró unos cuantos minutos después al soldado desmayado; la bayoneta estaba clavada en la sólida madera de la puerta. El soldado, todavía sin sentido, fue trasladado al cuerpo de guardia donde un médico afirmó que no estaba ni borracho ni dormido. Repitió una y otra vez su extraña historia, hasta que tres días después murió.Durante aproximadamente 300 años, hasta mediados del siglo XVII, en la Torre había habido un zoológico real, y entre los animales que allí se cuidaron había numerosos osos. A pesar de que no existan referencias de la autopsia del soldado, el hecho de que muriese tres días después de aquella experiencia podría indicar que estaba enfermo sin saberlo, y que la aparición fue una alucinación causada por su propia enfermedad. Por otra parte, los fantasmas de animales tienen más sentido como «espíritus que regresan» que sus equivalentes humanos, por la sencilla razón que ya hemos apuntado antes: por lo menos ellos «aparecen» exactamente con el mismo aspecto que tenían en vida. El hecho de que el hombre haya perdido muchos de sus instintos «primitivos» mientras que los animales todavía los conservan podría también tener una relación con el papel paranormal de aquellos.

Bestias Fantasmales
Ciertamente, los cuentos de fantasmas de perros son corrientes en el folklore de Estados Unidos, Europa y gran parte de África. Los fantasmas de caballos, de rebaños de vacas o de ovejas participan del folklore, y a pesar de que (al igual que todos los cuentos) las descripciones de sus apariciones hayan sido indudablemente distorsionadas a lo largo de los siglos, algunas de ellas son sorprendentemente convincentes. En 1908, la Society for Psychical Research (SPR) investigó exhaustivamente lo que pareció ser un cerdo-fantasma en Hoe Benham (Inglaterra).El 2 de noviembre de 1907 dos jóvenes, Oswald Pittman y Reginald Waud, estaban pintando en el jardín de su casa, la villa Laburnum. A eso de las diez de la mañana, cuando Pittman estaba hablando con el lechero, vio a su amiga Clarissa Miles acercándose por el camino: tenía que reunirse con los hombres para una sesión de pintura. La acompañaba, como si se tratara de un perro amaestrado, un gran cerdo blanco con un morro inusualmente largo. Cuando Pittman le habló de ello a Waud, éste le pidió que le dijera a Clarissa que dejara el animal fuera y que cerrara la puerta del jardín cuidadosamente, ya que Waud era un amante de la jardinería y no quería que el cerdo le removiera todas las plantas.Sin embargo, cuando Clarissa llegó estaba sola y negó todo conocimiento del animal. Si la hubiera estado siguiendo, señaló, estaba segura de que habría oído sus pisadas. A pesar de todo, ella y Pittman volvieron al camino y preguntaron a varios niños si habían visto un cerdo, pero ninguno lo había visto.A la mañana siguiente, el lechero, presionado por un Pittman desconcertado, firmó una declaración en la que aseguraba que no había visto el cerdo y señalaba que, en cualquier caso, la zona estaba bajo un estado de alerta por la fiebre porcina y no podía matarse a ningún animal perdido.
Pittman y Waud fueron a Londres durante unos meses y allí contaron el extraño incidente a un miembro de la SPR. Cuando volvieron a Hoe Benham en febrero, el relato de la aparición de Pittman se había extendido ampliamente. Los aldeanos, perdiendo su reserva natural, los desbordaron con historias anteriores de «fantasmas». La teoría del lugar sostenía que todo partía del suicidio de un campesino, Tommy King, cuya propiedad, que fue demolida en 1892, había bordeado el camino. La investigación en los archivos de la parroquia mostró que en realidad había habido dos Tommy King, uno muerto el 1741 y el otro en 1753, pero no había indicación de cual de los dos se había suicidado. Un viejo llamado John Barrett testificó que, cuando era muchacho en 1850, volvía por el camino en un carro de heno con siete u ocho más, cuando apareció por el aire una "cosa blanca". Todos lo habían visto y como era evidente los caballos también, ya que de repente se desbocaron.«Esa cosa continuó balanceándose y balanceándose y los caballos resoplando y resoplando hasta que el carro llegó alas cercanías de la granja de King, en que se desvaneció.» En 1873 Barrett también había visto en el mismo lugar una criatura "como una oveja" pateando el suelo en el camino. Trató de darle un golpe con el bastón, pero desapareció antes de que el bastón hubiera aterrizado.Otro hombre, Albert Thorne, dijo que en el otoño de 1904 oyó "un ruido como un silbido" de hojas y vio cómo un ternero de 75 cm de alto y 1,5 m de largo pateaba, con ojos resplandecientes. Mientras lo miraba se desvaneció. Incluso otro testigo no identificado dijo que en el mes de enero de 1905 durante las horas de luna llena había visto lo que tomó por el perro del vicario en el camino. Era grande y negro. Creyendo que se había perdido, fue a agarrarlo, cuando resultó que era un burro que se alzaba sobre sus patas amenazadoramente antes de desvanecerse.

Grito Sobrecogedor
Pittman, Waud y Clarissa Miles relataron una experiencia más enervante. Una vez, mientras paseaban por el camino, Clarissa fue súbitamente abordada por un temor irracional y dijo que sentía la presencia de un ser diabólico, cargado de maleficios contra ellos. También sentía que le faltaba el aire. Cuando alcanzaron el lugar en que Pittman había visto el cerdo, los tres oyeron un "grito sobrecogedor' aunque no había nadie más alrededor. Waud, que había mostrado escepticismo desde el principio quedó finalmente convencido por este extraño grito terrible de que el animal fantasma había existido.Efectivamente, la sensibilidad de los animales, especialmente de gatos y perros, hacia los fenómenos paranormales es casi un axioma. El parapsicólogo norteamericano doctor Robert Moríos utilizó animales como «controles» en sus experimentos durante los años sesenta. En una ocasión estuvo estudiando una casa habitada por fantasmas, y concretamente una habitación en la que había ocurrido una tragedia. Utilizó un perro, un gato, una rata y una serpiente de cascabel: «Cuando hice entrar al perro menos de 1 m dentro de la habitación, empezó a gruñir a su dueño y volvió a salir por la puerta. De ningún modo pudimos evitarlo, y además se negó a entrar de nuevo. El gato fue introducido en la habitación en brazos de su amo. Cuando llegó a una distancia parecida dentro de la habitación, saltó inmediatamente sobre la espalda del amo, clavándole las uñas; luego saltó al suelo dirigiéndose hacia una silla. Pasó algunos minutos bufando y mirando fijamente una silla vacía situada en una esquina de la habitación, hasta que le sacamos fuera...»La serpiente de cascabel adoptó inmediatamente una postura de ataque, dirigida contra la misma silla que había intrigado al gato. Al cabo de un par de minutos giró lentamente la cabeza hacia la ventana, para luego apartar la vista de ella y adoptar de nuevo la posición de ataque al cabo de cinco minutos.El único animal que no reaccionó fue la rata; sin embargo, al cabo de un rato los cuatro animales fueron examinados en otra habitación de la casa, y allí se comportaron con toda normalidad.De hecho, en el confuso mundo de las apariciones (estén dotadas o no de alma) nadie, ni siquiera el investigador psíquico más versado, sabe con exactitud cuál es la motivación que las respalda. Lo cierto es que rechazar el testimonio de muchos cientos de personas respetables que afirman haber experimentado fenómenos extraños alegando que se trata de espejismos, engaños provocados por uno mismo o mentiras manifiestas denotaría una testarudez absurda.

Imaginación Activa
El eminente psicólogo suizo Carl Jung (1875-1961) estaba profundamente interesado en muchos aspectos de lo paranormal y registró con entusiasmo sus propias experiencias en ese campo, a la vez que siguió durante toda la vida con un entusiasmo activo los descubrimientos que hacían los parapsicólogos.Uno de los sucesos más intrigantes que le ocurrieron personalmente tuvo lugar durante un viaje a Ravena, Italia, con un amigo. Ahí se sintió especialmente conmovido por un mosaico que representaba a Cristo extendiendo su mano a Pedro cuando el discípulo parecía estarse ahogando en el mar. Parece que tanto Jung como su compañero miraron muy de cerca el mosaico durante mucho tiempo y hablaron de ello con cierto detalle. Jung, fuertemente impresionado por la imagen y el diseño, quería comprar una reproducción del trabajo, pero no tuvo la suerte de encontrarlo.Al volver a casa Jung supo que otro amigo estaba a punto de visitar Ravena y le pidió si podría hacer una fotografía de su mosaico favorito. Con inmensa extrañeza, no obstante, se descubrió que en Ravena no existía tal mosaico. Jung tuvo que llegar a aceptar que de todas formas el mosaico debía haber sido una aparición compartida; y una de las más extraordinarias experiencias de su vida.Este extraño hecho parece relacionarse con lo que Jung había denominado "imaginación activa"; una técnica que se sabe que enseñó a algunos de sus pacientes. En 1935, durante una serie de conferencias que dio en la Tavistock Clínic de Londres, describió cómo un joven artista había conseguido proyectarse en un paisaje alpino que estaba representado en un cartel, llegando incluso a caminar sobre la colina y a visitar una capilla fantástica que estaba convencido que existía en la parte inferior.








¿Objetos Astrales?


Si los fantasmas son los espíritus de los muertos, ¿Cómo podemos justificar ciertas apariciones de animales u objetos? ¿Qué tienen en común con los clásicos espectros?


De hecho, en el confuso mundo de las apariciones (estén dotadas o no de alma) nadie, ni siquiera el investigador psíquico más versado, sabe con exactitud cuál es la motivación que las respalda Lo cierto es que rechazar el testimonio de muchos cientos de personas respetables que afirman haber experimentado fenómenos extraños alegando que se trata de espejismos, engaños provocados por uno mismo o mentiras manifiestas denotaría una testarudez absurda.


La pregunta con la que se enfrentan los modernos parapsicólogos es: ¿«cómo» existen los fantasmas? ¿Son espíritus que regresan de la muerte? ¿Son el resultado de la telepatía? ¿Se deben a una alucinación en masa o al auto hipnosis? Los avances en psicología durante las últimas décadas han ampliado el conocimiento de algunos aspectos de las apariciones, pero la verdad todavía se nos escapa.La forma más común de «fantasma» parece ser la «aparición en crisis», que tiene lugar cuando una persona que se halla sometida a una gran tensión -algunas veces a punto de morir- se aparece a alguien con el cual le une un estrecho vínculo afectivo en forma de «visión» o, a veces, como una voz incorpórea. La mayoría de los casos de apariciones en crisis tienen connotaciones dramáticas. Por ejemplo, algunos soldados se han aparecido a sus madres o a sus esposas justo en el momento de sus propias muertes en remotos campos de batalla.


Victoria Branden, en su libro Understanding Ghosts (Entender a los fantasmas), cita el caso de una amiga suya que fue evacuada, junto con sus hijos, desde Inglaterra a Canadá durante la Segunda Guerra Mundial debido a un problema de salud, mientras su marido estaba en el ejército en Europa. Una noche, los niños estaban ocupados can sus deberes mientras su madre estaba planchando Según contó a la señora Branden, tenía bastante sueño De pronto, vio la puerta de la habitación abierta y a su marido uniformado que entraba. Antes de que pudiera recobrarse de su asombro, había desaparecido. Ella dejó la plancha y se sentó casi desmayada en una silla. Los niños rodearon a su madre angustiados, y cuando ella les comunicó lo que había pasado, ellos aseguraron que no habían visto nada. La puerta, desde luego, no se había abierto en ningún momento. Sin embargo, la madre y el hijo mayor habían leído algo acerca de apariciones en crisis y llegaron a la conclusión de que la visión significaba que el marido había resultado muerto o herido. Tomaron nota de la hora y de las circunstancias, en que se había producido el hecho, pero esto fue lo único que pudieron hacer.Unos días más tarde llegaron noticias que les tranquilizaron: el marido había sido inesperadamente designado para asistir en Canadá a unos programas de entrenamiento en un campo muy cercano al lugar donde se hallaba su familia Esto significaba que podría vivir con ellos mientras estuviera allí. Cuando la pareja, por fin, se reunió, el marido dijo que la noticia le había llegado como un feliz sobresalto. No recordaba haber «proyectado» conscientemente ningún pensamiento hacia su mujer, pero llegaron a la conclusión de que probablemente él había abierto la puerta del despacho de su jefe después de oír la noticia aproximadamente a la misma hora en que la mujer había «visto» su puerta abierta.


Un punto interesante acerca de este incidente es que la esposa se hallaba en un estado de considerable somnolencia en aquellos instantes, con la mente en un estado abierto y receptivo. En cambio, los niños, que estaban muy concentrados en sus deberes, no vieron ni sintieron nada.
De todos modos, permanece como un misterio la forma exacta en que se transmite la información telepática, sea en este caso o cualquier otro.Sin embargo, los científicos señalan que la percepción es una cuestión mucho más compleja de lo que parece en un principio: algunos sueños muy vívidos, por ejemplo, parecen a menudo perfectamente sólido y con existencia física, y en tales casos la persona que percibe no está recibiendo información a través de sus ojos.


Un hipnotizador puede decirle a un sujeto que, cuando despierte, sólo el hipnotizador estará en la habitación, aun cuando haya otras personas presentes; y efectivamente, cuando el sujeto recobre el conocimiento, no verá a los presentes hasta que el hipnotizador retire la sugestión.Un mecanismo parecido puede darse en casos de telepatía, aunque parece mentira que el agente -o persona que «envía» la alucinación- pueda conseguir, a mucha distancia e incluso en estado inconsciente, lo que el hipnotizador logra por medio de unas instrucciones muy específicas.


La evidencia señala que, en las apariciones en situaciones de crisis, la mente del agente desempeña un papel mucho menor que la de la persona que percibe. Si observamos los casos registrados, se hace patente que el agente raramente aparece tal como es en el momento de la «transmisión»: la persona que percibe no ve un cuerpo mutilado en un coche o un soldado herido a punto de morir en una trinchera, sino lo que parece ser una imagen normal del agente que, además, se relaciona con el ambiente que rodea al que percibe.Este punto es destacado por G. N. M. Tyrrell en su libro Apparitions (Apariciones). Este autor señala que las apariciones en casos de crisis han sido las causantes de fenómenos no fantasmales tales como sombras proyectadas o reflejadas en un espejo.Pero la telepatía puede explicar muy pocos casos de apariciones colectivas, en las que un grupo de personas presencian la misma cosa.


Uno de los casos más curiosos ocurrió a finales del siglo XIX y fue relatado por Charles Lett, yerno del capitán Towns, de Sydney. Un día, hacia las 9 de la noche, seis semanas después de la muerte del capitán, la hija de éste, la señora Lett, y una amiga, la señora Berthon entraron en un dormitorio de la casa del difunto. La luz estaba encendida y se asombraron al ver, reflejada en la superficie brillante del armario, la imagen del capitán Towns. Era... como un retrato de medallón, pero de tamaño natural. El rostro aparecía triste y pálido... y llevaba puesta una especie de camisa de franela gris, con la cual solía dormir. Sorprendidas y alarmadas por lo que veían, su primera idea fue que había un retrato colgado en la habitación y que lo que veían era su reflejo, pero no había tal retrato. Mientras estaban mirando, la hermana de mi mujer, la señorita Towns, entró en la habitación, y antes de que ninguna de las dos tuviera tiempo de hablar exclamó: '¡Dios mío! ¿Veis a papá?' Una de las criadas que pasaba por allí fue llamada a la habitación. Inmediatamente gritó: '¡Oh, señorita! ¡El señor!' Llamaron al criado del capitán, al mayordomo y a la enfermera, quienes también reconocieron de inmediato al difunto dueño de la casa.


Finalmente vino la señora Towns, la cual avanzó hacia la aparición con el brazo extendido: a medida que pasaba la mano sobre el panel del armario la figura se iba desvaneciendo y no volvió a aparecer nunca.Los parapsicólogos partidarios de atribuir un origen telepático a todas las apariciones dirían probablemente que la visión afectó primeramente a la señora Lett o a la señorita Berthon, las cuales la transmitieron mediante transferencia de pensamiento a todos los que llegaron después. Pero la pregunta es la misma: en primer lugar, ¿de dónde vino la visión?Uno de los pioneros de la investigación psíquica, F. Myers, autor de Human Personality and its Survival of Bodily Death (La personalidad humana y su supervivencia tras la muerte corpórea), sugirió que en ese caso se trataba del espíritu o «esencia» del capitán Towns que estaba echando una última mirada a su vieja casa seis semanas después de su muerte. Myers dijo que una aparición «puede ser una manifestación de una persistente energía personal» y citó varios casos para ilustrar su afirmación.En uno de ellos, un viajante, el señor F. G., llegó una tarde a su hotel en Boston (Estados Unidos), y se sentó a trabajar en su habitación. De pronto, percibió la presencia de alguien y al levantar la vista vio a su hermana, que había muerto hacía nueve años.


Se puso en pie de un salto, lleno de alegría, y al llamarla por su nombre desapareció. "Apareció con el mismo aspecto que de viva", pero añadió que tenía una pequeña marca roja en la mejilla derecha.Trastornado, el señor F. G. hizo una visita inesperada a sus padres y les contó su experiencia. Cuando mencionó la marca, su madre se emocionó profundamente: ella misma había dejado la señal accidentalmente, en el cuerpo ya muerto de su hija, cuando lo estaba preparando para el entierro. Dos meses después la madre murió.Myers sugirió que la aparición era el espíritu de la difunta muchacha que inducía a su hermano a ir a casa para que viera por última vez a su madre antes de la muerte de ésta.En el caso de una aparición asociada persistentemente a un lugar o a una casa -o a veces incluso a una persona-, quienes creen en una vida futura afirman que el espíritu está atrapado en su entorno terrenal quizá debido a una tarea que no acabaron, o bien a un castigo, como les sucede a las clásicas «almas en pena» del folklore popular.


Sin embargo, a diferencia de los fantasmas de las novelas, estas apariciones no parecen tener que cumplir ninguna función determinada. Como hacía el doctor Harris de Nathaniel Hawthorne, suelen pasear tranquilamente, leer, mirar fijamente por las ventanas, o dedicarse a otras ocupaciones igualmente banales.Sin embargo, los parapsicólogos suelen afirmar que en ciertos casos puede haber quedado impreso en un lugar una especie de registro psíquico, quizá debido a un acontecimiento violento o a una fuerte emoción generada allí. En estos casos, la aparición no sería un espíritu sensible, sino meramente una proyección, como una película de cine.


Ésta parece ser la explicación más probable para la aparición de Edgehill. También tiene relación con las teorías de la telepatía; si una persona puede enviar telepáticamente una imagen de sí misma a la persona que percibe, ¿no podría también enviar una especie de imagen que flota libremente y que permanece «colgada» en la atmósfera, para ser recogida por cualquier persona suficientemente sensible?Tal concepto explicaría también las « ortografías» de apariciones; en tales casos, la película fotográfica puede haber sido más sensible al entorno que su operador; a la inversa, cuando un fotógrafo ve un fantasma y su cámara no consigue captarlo, puede que sea la persona la que se muestra hipersensible.Si los fantasmas son posibles, puede que no sean siempre iguales. Andrew Green, en su libro Ghost Hunting (Caza de fantasmas), cita el caso de una mujer vestida con zapatos y vestidos rojos y una toca negra, de la que se decía que había merodeado por una mansión en Inglaterra en el siglo XVIII. A principios del siglo XIX se dijo que la aparición era la de una dama con "zapatos y vestido rosas, y una toca gris". No fue vista de nuevo hasta mediados del siglo XIX, cuando la figura había quedado reducida a "una dama con vestido blanco y pelo gris". Justo antes de la Segunda Guerra Mundial, lo que se percibía era el "sonido de una mujer andando por un pasillo y el crujido de su vestido". En 1971, poco antes de la demolición de la mansión, los trabajadores sintieron simplemente "una presencia en uno de los pasillos".Todos estos argumentos pueden explicar las apariciones de seres aparentemente sólidos y vivos en lugares en que tales seres no deberían estar. O quizá no las expliquen todavía del todo.

Las modernas investigaciones científicas ofrecen constantemente nuevos puntos de vista sobre los viejos fenómenos. Los fantasmas, tanto si son humanos como si no, tanto si son animados como inanimados, pueden todavía demostrar que pertenecen a una esfera de la realidad hasta ahora impensable en nuestra filosofía.

El Fantasma Que Crecía y Crecía
Uno de los principales problemas con los que se enfrenta el investigador psíquico objetivo es el de la total credibilidad humana. A la gente le gusta una buena historia de fantasmas y tiende a embellecer cualquier narración; de forma que después de contarla unas cuantas veces, los hechos absolutos son sólo un conglomerado de invención.En el verano de 1970, Frank Smyth, que por entonces era redactor asociado de la revista Man, Myth and Magic, se dedicó a estudiar la forma que tomaba tal credibilidad. Se inventó, pues, un fantasma, al que añadió una localización, un pasado y unos «testigos», y publicó la historia en la revista.La invención fue realizada al azar.


Una mañana de domingo, Smyth había ido a los muelles de Londres a encontrarse con John Philby, cuya empresa de edificación estaba renovando un solar en el muelle Ratcliffe, y Smyth decidió que el muelle desierto era lo suficientemente misterioso como para ofrecer una localización a su fantasma. Junto al muelle Ratcliffe se hallaba la semiderruida iglesia de St. Anne; esto, sumado a que era domingo por la mañana, influyó a Smyth para hacer que su fantasma fuera el de un pastor protestante. Junto al muelle está Ratcliffe Highway, vía pública que en otra época -hacia finales del siglo XIX- estuvo llena de burdeles, bodegas y casas de huéspedes baratas. La proximidad de esta vieja carretera le sugirió a Smyth que su vicario había sido el propietario de una pensión de marineros, a los que había asaltado cuando volvían a casa cargados con la paga, los había matado y había lanzado sus cuerpos al Támesis. De esta forma quedó bastante redondeado el pasado del fantasma.Philby, antiguo corresponsal de guerra, y Smyth decidieron que los nombres de los testigos presenciales del fantasma serían sus propios nombres y el de uno de los empleados de Philby; el fantasma sería la figura de un hombre viejo de pelo blanco con un bastón. También acordaron que si alguien, ya investigador o amateur, les hacía preguntas sobre el «fenómeno», confesarían inmediatamente que era inventado.Después Smyth escribió la historia como un hecho «verídico» en un artículo para la revista Man, Myth and Magic. No hubo nadie que solicitara las credenciales del «Vicario fantasma del muelle Ratcliffe»; pero en los meses siguientes, aparecieron ocho libros que se proponían contar la historia del verdadero fantasma; ¡y cada uno de ellos presentaba al vicario fantasma! Sólo uno de ellos, escrito por un colaborador del Sunday Times de Londres, trataba el asunto con cierto escepticismo. Los otros no sólo volvían a narrar la historia sin comentarios críticos, sino que además uno de ellos embellecía la historia hasta límites insospechados.En 1973 Smyth escribió un artículo para el Sunday Times, en el que contaba la historia. Posteriormente realizó una película para la BBC2 titulada A Leap in the Dark (Un paso en la oscuridad), en la que volvía a contar la invención, y donde también aparecían una serie de personas que declaraban haber visto en realidad al fantasma del vicario. Un hombre decía que había visto a un viejo vestido como un pastor protestante del siglo XVIII caminando por la carretera a unos 300 m del muelle Ratcliffe.


El escritor Jilly Cooper contaba que al entrevistar a un policía a punto de retirarse de la fuerza metropolitana del River Branch, le había dicho que, cuando era joven, no tenía ningún deseo de entrar en el muelle Ratcliffe por temor al cura fantasma. Y un barquero del Támesis aseguraba haber visto la figura del vicario entre las sombras del muelle Ratcliffe unos meses antes de que apareciera la historia en la revista. Después del programa de televisión, la BBC recibió muchas cartas que relataban apariciones posteriores.No hay ninguna base real para la historia del fantasma del muelle de Ratcliffe. Ninguno de los informes de Wapping -ni de ninguna otra zona de los Docklands de Londres presenta ningún relato sobre el cura fantasma. El hecho es que gente a priori racional aún proclama haber visto ese fantasma, a pesar de haber sido rebatido con una amplia difusión. Un investigador psíquico ha sugerido que el fantasma de Smyth ha podido existir y que se lo hizo saber de alguna manera, aunque él creyera que sólo era producto de su imaginación.
Conclusión

Bueno me pareció muy interesante por que nos habla de fantasmas que algunas veces son buenos y otros son malos y que andan ambulando
por la tierra .